La Jornada, México, Sábado 26
de marzo de 2005
Agua, trasnacionales y nanotecnología
Silvia Ribeiro*
Mientras la falta de acceso al agua es una tragedia para millones de
personas en el mundo -según la Organización de Naciones Unidas
más de mil 300 millones de personas sufren escasez de agua, y otro tanto
sólo la consigue sucia o contaminada-, para otros es un fantástico
negocio. Según el Banco Mundial, el mercado del agua en el orbe excede
el billón de dólares anuales.
Del total de agua del planeta apenas 2.8 por ciento es agua dulce. La mayoría
está en polos y glaciares, y resta sólo 0.02 por ciento de agua
superficial y 0.37 por ciento en aguas subterráneas, cuyo acceso requiere
tecnologías de extracción cada vez más profundas.
Sin embargo, el problema del agua dulce no es que no alcance para la población
mundial -al igual que la producción de alimentos, es suficiente para abastecernos
a todos-, sino su injusto acceso y distribución, su acelerada contaminación
y su despilfarro. El 70 por ciento del agua dulce disponible globalmente es utilizado
en la agricultura industrial y 15 por ciento en otras industrias. Que a su vez
son los responsables de la mayor y peor contaminación, debido a la filtración
de agrotóxicos, la salinización de aguas y la contaminación
industrial.
Frente a las múltiples crisis del agua (acceso, distribución, degradación,
despilfarro) -generada por esos actores, pero que sufren principalmente los más
desposeídos- la solución mágica que impulsan los creadores
de políticas del capital trasnacional, como el Banco Mundial, es la privatización.
La mayoría de las fuentes y distribución de agua en todo el mundo
son públicas, pero debido a contratos de concesión para extraerla,
distribuirla, purificarla y/o embotellarla se está instrumentando su privatización de
facto . En México, las principales trasnacionales del agua (Suez,
Vivendi, RWE) tienen una importante presencia en 20 estados, completamente fuera
del radar público.
Tal como sucede en otros importantes sectores, como la energía, la agricultura
y la salud, hay un peligroso coctel de factores que se complementan: al control
de mercado se suma el control de las patentes y las tecnologías claves.
Dos empresas -Vivendi y Suez- tienen 70 por ciento del mercado mundial de agua,
que es controlado por 10 trasnacionales. Las mayores son empresas múltiples
que incluyen extracción, construcción de redes, distribución
y rubros anexos -como las nombradas y Saur, RWE y Bechtel- hasta llegar a empresas
de alimentos y bebidas, como Nestlé, Coke, Pepsico, Danone, Unilever,
según Tony Clarke y Maude Barlow en Oro azul .
La nanotecnología (manipulación de la materia viva o inerte, a
escala nanométrica, o sea de átomos y moléculas) emerge
como una tecnología pivotal en aspectos claves como la purificación
y desalinización del agua.
Mark Modzelewski, director de Lux Research, analista de la industria nanotecnológica,
informó el 22 de marzo de 2005 a UPI que "los principales acuíferos
sufren un proceso de salinización creciente debido a la agricultura, al
tiempo que se espera que la demanda de agua dulce crezca 70 por ciento en los
próximos 25 años". Frente a la salinización y los problemas
de contaminación industrial y fecal, Modzelewski considera que solamente
la nanotecnología puede enfrentar estos problemas simultáneamente.
Por ejemplo, KX Industries, de Connecticut, ha desarrollado filtros basados en
membranas nanotecnológicas antivirales y antibacteriales. El principio
básico es que los poros de las membranas son tan minúsculos que
pueden filtrar hasta los organismos más pequeños. A ello se agrega
el tipo de material utilizado. La empresa Argonide de Standford hace nanofibras
de aluminio, cuya carga eléctrica positiva atrae a los microbios cargados
negativamente. Otras construcciones incluyen materiales fotocatalíticos
que someten el agua filtrada a rayos ultravioletas, potencialmente destruyendo
solventes industriales, plaguicidas y gérmenes.
Zvi Yaniv, presidente de Applied Nanotechnology en Austin, afirma que se pueden
crear nuevos materiales con polímeros que se autoensamblen en membranas.
Su compañía trabaja con un socio japonés para producir columnas
nanométricas de óxido de titanio, que funcionarían como
potentes fotocatalizadores. Otra tecnología de su empresa se basa en sensores
constituidos por nanotubos de carbono recubiertos por enzimas, que reaccionan
frente a la presencia de contaminantes. Es decir, nanobiotecnología.
Modzelewski afirma que tanto Vivendi y Suez, como General Electric, el mayor
proveedor público y privado de equipamientos hidráulicos, están
utilizando nanotecnologías, licenciando patentes sobre ellas o por conducto
de proveedores más pequeños. Estima que es sólo cuestión
de tiempo para que alguna de estas megaempresas compre a las pequeñas
y controle, además del mercado, las patentes y tecnologías claves.
Además del control corporativo, junto con la nanotecnología vienen
nuevos riesgos ambientales y a la salud, así como cuestiones de bioética
al crear organismos híbridos con nanobiotecnología. Aunque hay
pocos estudios, varios científicos sugieren que el óxido de titanio
en nanopartículas, así como los nanotubos de carbono, pueden tener
efectos nocivos en la salud y el ambiente. ¡Y la apuesta es usarlos en
las redes de agua que llegan a millones de personas! Paradójicamente,
la industria presenta estos usos supuestamente positivos y que según ellos "beneficiarán
a los pobres" para justificar socialmente el uso de estas nuevas tecnologías.
Sólo que de paso podrían estar agregando nuevos problemas, quizá aún
más graves, a este recurso vital para la vida en el planeta.
* Investigadora del Grupo ETC
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