Biólogos crean nuevas formas de vida
de a molécula por vez
Los llaman "biólogos sintéticos" y se atribuyen audazmente la
habilidad de producir organismos vivientes nunca vistos antes, de una molécula
genética por vez.
Esos especialistas mezclan, equiparan y adosan componentes químicos
de ADN como si fuesen las piezas de un mecano microscópico, en su esfuerzo
por producir computadoras, medicamentos y fuentes energéticas de energía,
todos ellos en base a la biología.
El campo se expande rápidamente y confunde el sistema centenario de
los taxonomistas de clasificar las especies, y a la vez plantea preocupaciones
sobre el posible uso impropio de la nueva tecnología.
Aunque los científicos han combinado el material genético de
dos especies desde hace 30 años, su obra ha sido relativamente simplista.
Los científicos podrían añadir un gen ajeno a un organismo
para producir una droga como la insulina. La técnica es más arte
que ciencia dada la enorme cantidad de pruebas que requiere crear células
productoras de drogas.
Por eso, una nueva generación de biólogos intenta imponer orden
en el caos de la ingeniería genética aplicando a la biotecnología
las mismas estrategias de ingeniería utilizadas para construir computadoras,
puentes y edificios.
La idea consiste en separar las células en sus componentes fundamentales
y luego reconstruir organismos nuevos, un modo mucho más complejo de
ingeniería genética.
El movimiento floreciente atrae fuertes sumas en inversiones y algunos de los
principales nombres en la biología, muchos de los cuales asistieron
a mediados de agosto a un ``Simposio sobre Bioingeniería'' en San Francisco.
``La biología sintética es la ingeniería genética
revisada'', dijo el investigador George Church, del Centro Médico de
Harvard, figura prominente en la especialidad. ``Desafía la noción
de lo que es natural y lo que es sintético''.
Los biólogos sintéticos ya han creado un virus del polio y otro
virus más pequeño adosando genes individuales comprados a compañías
de biotecnología. Ahora los investigadores están
más cerca de crear organismos vivientes más complejos con verdadera
utilidad.
En Israel, un grupo de científicos ha producido la computadora más
pequeña del mundo manipulando el ADN para que desempeñe funciones
matemáticas. J. Craig Venter, el científico empresario
que trazó el mapa del genoma humano, anunció el mes pasado que
se propone coordinar genes para crear de la nada nuevos organismos que puedan
producir combustibles alternativos como hidrógeno y etanol.
Con una subvención de 42,6 millones de dólares proveniente de
la Fundación Bill y Melinda Gates, investigadores de Berkeley están
creando una nueva droga para la malaria eliminando material genético
de la bacteria E. coli y reemplazándolo con genes del ajenjo y la levadura. ``Estamos
construyendo partes que pueden ensamblarse en dispositivos que a su vez pueden
organizarse en sistemas'', explicó Jay Keasling, titular del departamento
de biología sintética del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley,
creado el año pasado.
Keasling, que también es profesor de ingeniería química
en la Universidad de California en Berkeley, espera crear moléculas
vivientes inéditas fusionando genes de las tres especies: una nueva
cepa de bacteria capaz de excretar la sustancia química artemisina,
que combate la malaria y que sólo se halla actualmente en vestigios ínfimos
en la planta del ajenjo.
Durante más de 2.000 años, se ha extraído artemisinina
de ajenjo finamente molido como tratamiento para una variedad de dolencias,
pero el método es costoso, lento y limitado por el acceso al ajenjo,
hallado principalmente en China y Vietnam.
Keasling tiene un proyecto similar para crear un compuesto hallado en los árboles
de Samoa y que parece promisorio para combatir el sida. Dichos
esfuerzos están atrayendo algo más que fondos.
Un grupo de capitalistas encabezado por Vinod Khosla, de la empresa Perkins,
Caufield & Byers con sede en Menlo Park, invirtió 13 millones de
dólares en Codon Devices de Cambridge, Massachusetts, que fue cofundada
por Keasling y Church. Keasling también fue cofundador de Amyris Biotechnologies
de Emeryville para construir microbios que producirán una serie de fármacos
nuevos o inusuales.
Venter, mientras tanto, ha lanzado el laboratorio Synthetic Genomics Inc. junto
con Hamilton Smith, laureado con el Premio Nóbel, y competirá con
Condon y otros establecimientos nuevos para comercializar la tecnología.
Pero el éxito conlleva cuestiones éticas. Por ejemplo,
expertos en seguridad nacional y aun los mismos biólogos sintéticos
se preocupan de que algunos científicos deshonestos o ``biointrusos''
puedan crear nuevas armas biológicas, como virus mortíferos que
carezcan de enemigos naturales.
También se inquietan con la posibilidad de errores inocentes: organismos
que puedan crear caos si se les permitiese reproducirse fuera del laboratorio.
``Por cierto la biología sintética tiene muchas implicaciones
para la seguridad nacional'', dijo Gigi Kwik Gronvall, del equipo de investigación
en el Centro de Bioseguridad de la Universidad de Pittsburgh.
Los investigadores están buscando los medios de autoprotección
de la especialidad después que se desarrolle. Una solución podría
ser requerir que las pocas compañías que venden material genético
se registren en alguna entidad oficial e informen sobre los biólogos
que ordenen cepas de ADN con potencial bélico.
La Fundación Arthur P. Sloan Foundation otorgó en junio al Instituto
Venter, el Instituto de Tecnología de Massachusetts y el Centro para
Estudios Estratégicos e Internacionales una subvención de 570.000
dólares para estudiar las repercusiones sociales de la nueva especialidad.
``Hay una cantidad de cuestiones ecológicas'', dijo Laurie Zoloth, profesora
de bioética en la Northwestern University. ``La biología sintética
es como el hierro: con ella se pueden fabricar agujas de coser o lanzas. Por
supuesto, va a haber un uso dual''.
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