Eficiencia biofísica del sistema agroalimentario Por Guillermo Garrido, ggarrido@inti.gob.ar El desafío ambiental de alimentar al mundo A medida que la población y el poder adquisitivo crecen, la demanda de alimentos aumenta. Frente a este escenario complejo, que requiere de aportes en base a una mirada sistémica, se realizó un diagnóstico del uso del suelo y los flujos de biomasa del sistema agroalimentario. El sistema agroalimentario está inserto en este contexto y también tiene que dar respuestas a la mayor demanda. Nuestro país, desde que se constituyó como agroexportador, ha incrementado sostenidamente la producción de alimentos, tanto de origen animal (zoomasa) como vegetal (fitomasa). La tendencia continúa y parece proyectarse en el futuro, agregando a la producción de alimentos otras como la de bioenergía. Pero el crecimiento de la producción de biomasa ya encontró su límite a través de la expansión territorial. Desde hace tiempo, lo hace principalmente a través de la intensificación (mayor producción por unidad de superficie). Sin embargo, el ambiente también muestra sus límites y por tanto, una mayor producción no podrá ser de cualquier manera ni a cualquier costo. Tendremos que considerar nuevas restricciones, tendremos que producir, vender y consumir cuidando el ambiente. Del total de la masa vegetal producida en el campo, sólo el 1,5% es ingerido por la población local. Con el propósito de aportar miradas sistémicas a esta situación de gran complejidad, se realizó un diagnóstico de la eficiencia biofísica del sistema agroalimentario. Este diagnóstico cuantificó, a través del método conocido como Análisis de Flujos de Materiales (MFA), los flujos de biomasa durante la producción, transformación y consumo de alimentos. El estudio posibilitó conocer la producción y consumo de la biomasa, desde el campo hasta su ingesta final por la población. La información utilizada incluyó datos estadísticos, datos de investigaciones, entrevistas a expertos en cada materia, censos y cálculos teóricos. Diagnóstico En base a los resultados mencionados se concluye que la dimensión en términos energéticos del sistema agroalimentario es llamativamente importante. Como dato comparativo, el Balance Energético Nacional informa que la producción de energía primaria en el país es de 3,6 EJ (Exa Joule). A su vez, sólo una ínfima parte de la energía apropiada en forma de fitomasa es ingerida por la población. Las frutas y los vegetales sin procesar y procesados contribuyen significativamente a mejorar la eficiencia global de la cadena, mientras que los alimentos de origen animal tienen las eficiencias más bajas. Sin embargo, hay diferencias considerables entre cada uno de ellos: los productos lácteos son los más eficientes, seguido de la producción de huevos, carne de pollo y cerdo. En cambio, las eficiencias más bajas se ubican en la producción de rumiantes (bovinos, ovinos y caprinos). Por otra parte, la biomasa exportada apropia energía en forma de fitomasa en una cantidad menor a la que se destina al consumo interno. Estos resultados indican que si bien existe un gran potencial para mejorar la eficiencia global del sistema, la dieta media de la población y los productos destinados al comercio internacional, son los condicionantes más fuertes de la eficiencia global del sistema agro-alimentario. El consumo de alimentos con contenidos nutricionales similares, puede implicar demanda de servicios de biomasa con diferencias de varios factores. No sería correcto impulsar una alimentación basada solamente en principios de eficiencia de recursos, pero sí es válido definir pautas generales para promover el incremento de la eficiencia de lo que se produce, y la producción y consumo de determinados tipos de alimentos. Las proyecciones indican que Argentina seguirá produciendo y exportando mayor cantidad de biomasa. Frente a este escenario se desprenden algunas preguntas: ¿Qué es lo más conveniente de producir en términos de nutrición adecuada para la población, rentabilidad económica, impacto ambiental e impacto social para el país? ¿Cómo podemos optimizar la combinación de estas variables? ¿Qué se puede hacer para mejorar el sistema agroalimentario? ¿Qué modelos tecno-organizativos nos permitirían incrementar la eficiencia? ¿Cómo compiten y de qué manera se complementarán la producción de alimentos y la de bioenergía? El INTI se plantea estos interrogantes, sabiendo que probablemente se tengan que admitir diferentes respuestas, dependiendo de los actores, lugares, entornos, capacidades y tecnologías disponibles. Glosario Sistema agroalimentario: totalidad de los eslabones que componen la cadena de alimentos. Éste comienza cuando el vegetal crece en el campo y termina cuando se ingiere el alimento.
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