La biopiratería humana como espectáculo
Silvia Ribeiro
ALAI-AMLATINA 27/06/2005, México.- La genómica está de moda.
No porque vaya a resolver los problemas de salud de la gran
mayoría de la gente -provocados fundamentalmente por la mala
alimentación, falta de agua limpia y otros factores producto de la
explotación y marginación que viven y no por sus genes- sino por
las enormes ganancias que las trasnacionales farmacéuticas
esperan conseguir al patentar nuevas drogas derivadas de la"farmacogenómica" (drogas diseñadas según la composición
genética de los pacientes).
Este es el contexto del anuncio del Instituto Nacional de Medicina
Genómica (Inmegen) de que el 27 de junio comenzará el muestreo
de la población de Yucatán, para "elaborar el mapa del genoma
de los mexicanos". Claro, los mayas ya deberían tener experiencia
en el tema: su información genética se vende a 85 dólares
en
Internet. Yucatán, junto con Oaxaca, son las entidades federativas
con mayor porcentaje de población indígena.
Desde hace un par de décadas, investigadores de universidades de
países del norte se dedican a la caza de genes humanos,
fundamentalmente de poblaciones indígenas, discapacitados y
grupos geográficamente aislados, para descubrir diferencias
mínimas en sus genomas que pudieran indicar tendencias a
resistir -o ser más propenso- a ciertas enfermedades. Lejos de ser
proyectos altruistas para atender los problemas de salud de esos
grupos, quienes tienen la tecnología y medios para usar esta
información son poderosas trasnacionales, farmacéuticas o
relacionadas con ese campo, que esperan encontrar nuevos
medicamentos best-seller, y monopolizarlos por medio de sus
patentes. No necesariamente como medicinas: la mayor fuente de
ingresos de la industria farmacéutica son las drogas para gente
sana. Por ejemplo, se investiga con el pretexto de atender la
diabetes, pero el resultado se vende 10 veces más como droga
para reducir de peso.
Las empresas ni necesitan muestrear a la gente. Desde hace
años, muchas universidades han investigado, aislado y colocado a
la venta en Internet líneas celulares o genes humanos "para la
investigación" genómica. Por ejemplo, en el banco de células
humanas del Instituto Coriell, de los Institutos de Salud de
Estados Unidos, se puede comprar ADN de indígenas de muchas
partes del mundo. Significativamente, comprar material genético
de "México-americanos" de Los Angeles, garantizada su
ascendencia indígena en tres generaciones, cuesta 3 mil 800
dólares, mientras que muestras de "indios mexicanos" se
consiguen por 200 dólares, y las de "indios mayas" de la península
de Yucatán al módico precio de 85 dólares.
Al mismo precio se puede comprar células humanas de indígenas
huorani del Ecuador, de quechuas de los Andes, de Karitiana y
Suruí de la Amazonia en Brasil, de Guyana, Venezuela, Puerto
Rico y el Caribe entre muchos otros africanos, asiáticos y hasta
algunos europeos. Los Karitiana y Suruí han protestado
enérgicamente y están en un proceso contra la venta de estas
células, apoyados por el estado brasilero. Por ahora, sus células
siguen a la venta.
Probablemente muchas de estas muestras provienen del Proyecto
Diversidad Genética Humana (HGDP, por sus siglas en inglés)
proyecto de varias universidades iniciado a principios de los años
90, que se proponía buscar las diferencias genéticas - llamadas
SNP, también por sus siglas en inglés- en 722 comunidades en
todo el mundo, muchas de ellas grupos indígenas definidos "en
peligro de extinción". El HGDP pretendía "conservar el material
genético para la investigación" antes que desaparecieran. No
conservar la gente, sino solamente el material genético. Los
muestreados no sabían para qué fines fueron utilizados y la
información fue colocada en Internet y en bancos similares al del
Instituto Coriell, dando origen posterior a muchas patentes sobre
ellas, de empresas y universidades. Gracias a las denuncias de
RAFI (ahora llamada Grupo ETC), junto a pueblos indios del
mundo, el Proyecto Vampiro, como se le llamó, tuvo que diluirse,
pero nunca dio cuenta de las muestras obtenidas.
Un lavado de cara y el Vampiro ataca de nuevo, aplaudido como
espectáculo, con un despliegue mediático de enormes
proporciones. Ahora es el proyecto Genographic (Genógrafico),
patrocinado por la multinacional IBM y la revista National
Geographic. Siguen tras el ADN de los pueblos indios, diciendo
que solamente será para "investigación", y otra vez, para el bien
de
toda la humanidad: esta vez para establecer genéticamente los
orígenes y migración de la especie humana. Luigi Luca Cavalli-
Sforza, principal impulsor del HGDP, preside ahora el consejo de asesores del
proyecto Genógrafico. Spencer Wells, director del
programa, es uno de sus discípulos.
Otro proyecto similar, de recolección de muestras de grupos
indígenas, está en marcha desde hace dos años: el Proyecto
Internacional HapMap, financiado por fuentes públicas y privadas
para tomar muestras de poblaciones de Estados Unidos (y"México-americanos"), China, Nigeria y Japón. Entre los
financiadores privados del HapMap se encuentra el SNP
Consortium, integrado por AP Biotech, AstraZeneca, Aventis,
Bayer, Hoffman La Roche, Glaxo Wellcome, Novartis, Pfizer,
Searle, SmithKlineBeecham, Wellcome Trust, Motorola... y otra
vez, IBM, cuyas tecnologías digitales están en el centro de la
farmacogenómica.
Tanto el proyecto HapMap como el Genográfico dicen que no
patentarán los genes que consigan, y que todo estará en Internet,
a disposición del público. Pero, ¿qué público?
El "público"
altamente privado de quienes tengan las tecnologías (todas
patentadas) y los recursos para usarlas, o sea, las mismas
compañías. Las reglas de acceso a esta información
genética
dicen que no se puede patentar en la misma forma en que se las
obtiene, pero cualquier mínima modificación es suficiente para
solicitar una patente. Pese a eso, las empresas cuentan también
con la participación oficial de los gobiernos y recursos públicos
para el saqueo de genes.
En Brasil, pese al supuesto apoyo a los Karitiana para impedir la
venta de sus células, el propio Estado está promoviendo la
participación de los indígenas en el Genógrafico. Incluso,
uno de
los centros regionales de toma de muestras del proyecto, está
justamente ubicada en Brasil. Para facilitar la colaboración de
los
pueblos indios y prevenir protestas, han rebautizado el
empredimiento como "proyecto Gente".
En México, el informe 2003-2004 del Instituto Nacional de
Medicina Genómica incluye en sus actividades la preparación del"proyecto del HapMap entre los mexicanos". Varias de las
empresas del SNP Consortium financian al instituto. IBM diseñó
especialmente la computadora que usarán para la secuenciación
de los indígenas mexicanos. Los medios celebran el espectáculo.
De los indios sólo se espera que pongan su sangre. Gracias
a
IBM, ahora hasta parece que sabrán de dónde vienen.
Debra Barry, indígena paiute de Estados Unidos, directora del
Consejo de Pueblos Indios contra el Biocolonialismo, nos
recuerda: "Nuestras historias de la creación y lenguajes nos
informan sobre nuestra genealogía y nuestros ancestros. No
necesitamos pruebas genéticas para saber de dónde venimos".
Para esta organización, el Genógrafico es solamente una máscara
para conseguir lo que les faltó con el HGDP, por lo que ya han
iniciado una campaña contra el proyecto, a través de su sitio en
la
red: www.ipcb.org
- Silvia Ribeiro es Investigadora del Grupo ETC www.etcgroup.org
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