ASPECTOS MÉDICOS y de salud


ARGENTINA: El herbicida nuestro de cada día

Por Marcela Valente

BUENOS AIRES, feb (IPS) - Bucólico refugio de la contaminación urbana, el campo argentino se ha vuelto para mucha gente un sitio del que quiere huir. El empleo masivo de herbicidas en los cultivos de soja, primer producto de exportación, está creando "una catástrofe sanitaria" en el ámbito rural, afirman ecologistas.

Un informe redactado por el no gubernamental Grupo de Reflexión Rural (GRR) describe casos de cáncer en edades tempranas, malformaciones congénitas, lupus, problemas renales, enfermedades respiratorias y dermatitis en aumento, basado en testimonios de médicos rurales, especialistas y habitantes de decenas de localidades del interior país.

El GRR realiza desde 2006 una campaña para identifica los pueblos afectados por la fumigación con glifosato, el herbicida tolerado por las variedades de soja transgénica plantadas en Argentina, que elimina toda especie vegetal que no sea la oleaginosa. Cuando es rociado desde aviones, la forma más eficiente de aplicación, la deriva cae sobre zonas pobladas, dice el informe "Paren de fumigar".

Cincuenta por ciento del área agrícola argentina está ocupada por soja. En la central provincia de Córdoba la proporción supera 80 por ciento. El país produce unos 48 millones de toneladas que exporta a China e India. Y, según datos oficiales, se requieren unos 200 millones de litros de glifosato por año para pulverizar los campos.

Por su fácil manejo y el aumento de la demanda en mercados asiáticos, la leguminosa se extendió desde mediados de los años 90 a expensas de otros cultivos, de la ganadería y de los bosques. Pero, aparentemente, no fue solo diversidad agrícola y natural lo que se perdió.

La soja ha arrasado con corredores verdes de protección que bordeaban los poblados, formados por huertas familiares, granjas lecheras y de pequeños animales y plantaciones de frutales, afirma el estudio. Y la población de esas zonas quedó expuesta a los daños de la fumigación aérea.

El glifosato es el componente activo del herbicida Roundup, patentado por la corporación de la biotecnología Monsanto, que lo vende junto con su semilla transgénica de soja Roundup Ready. La empresa ha negado que, en condiciones adecuadas de uso, el producto sea nocivo para la salud humana.

El glifosato es también principal ingrediente de las fumigaciones áreas que se practican contra plantaciones ilegales de coca en Colombia, y su uso en zonas fronterizas con Ecuador ha dado lugar a denuncias de este país por daños a la agricultura y a las personas.

El proceso de control de malezas y plagas se realiza sobre todo mediante glifosato y el pesticida endosulfán. En el barrio Ituzaingó Anexo, en los suburbios de la capital de la provincia de Córdoba, los vecinos reclaman desde 2000 que cesen las fumigaciones.

Luego de varias denuncias judiciales y estudios sanitarios, a fines de 2008, un fiscal hizo lugar a una medida cautelar y, de momento, la pulverización en zonas aledañas al barrio está suspendida.

Como parte de su campaña "Paren de fumigar", el GRR apoyó demandas de los vecinos, recogió testimonios de afectados e incorporó estudios médicos de personas damnificadas. Esa investigación fue presentada este año a la justicia federal y a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández.

El abogado Osvaldo Fornari, del GRR, dijo a IPS que se solicitó a la justicia federal que investigara el proceso de aprobación de los herbicidas y plaguicidas y que, en base al principio precautorio, adoptara "una medida cautelar" como la suspensión de la venta y el uso de productos sospechosos de causar contaminación en el campo.

La idea es que la medida aplicada en el barrio Ituzaingó Anexo se adopte en el plano nacional: un freno preventivo al uso de herbicidas muy tóxicos. Los activistas sostienen que las autoridades provinciales tienen dificultades para frenar el uso de agroquímicos, cuyo uso fue autorizado en los años 90 por autoridades nacionales