Quien
es dueño de nuestras semillas?
Martes 5 de julio de
2005
Víctor M. Quintana S.
Alimentos concentrados
Es falso que la economía globalizada esté acabando con
la agricultura. Está acabando con los agricultores. La
agricultura como actividad multifuncional, generadora
de bienes públicos, de satisfactores, de recreación de
la vida, de producción de comunidades y de cultura,
está batallando enormidades. Pero florece como
generadora de mercancías y de ganancias. Y esto se
debe, en gran parte, a que los actores de la
agricultura están cambiando: se desplaza a los más, a
los pequeños, a los pobres y se fortalece a los
poderosos, a los pocos: las corporaciones
trasnacionales agroalimentarias.
Estos días se ha reunido en Londres un grupo de
investigadores, de activistas, de dirigentes
campesinos de todo el mundo convocados por la red
Agribusiness Accountability Initiative: iniciativa
para exigir a los corporaciones agroalimentarias la
rendición de cuentas. Ponen en común su información y
sus análisis sobre la concentración del poder en la
cadena agroalimentaria para diseñar estrategias de
resistencia y de defensa.
El sistema agroalimentario dominante es una compleja
red planetaria de insumos, producción, procesamiento y
mercadeo de bienes agroalimentarios dominada
totalmente por empresas trasnacionales. Once de ellas,
entre las que destacan Cargill, Nestlé, Monsanto,
Unilever y ConAgra, controlan esta red y manejan un
valor combinado de ventas de 293 mil millones de
dólares al año, mayor que el producto interno bruto de
la gran mayoría de los países latinoamericanos.
Este sistema es altamente dinámico, montado en los
adelantos de la economía informatizada, las
telecomunicaciones y la biotecnología. No únicamente
transforma las economías; también las prácticas
productivas, el paisaje, las comunidades rurales e
incluso los hábitos alimenticios y la vida cotidiana
de las personas.
La concentración en el sistema agroalimentario
dominante se hace de dos formas: horizontal, es decir,
al interior de una de las fases del proceso
agroalimentario. Y vertical: formando conglomerados
-clusters- de varias empresas que manejan varias o
todas las fases de este proceso: desde los genes hasta
el anaquel del supermercado.
La concentración horizontal se da en todas las fases
del proceso: provisión de semillas, agroquímicos,
procesamiento de comidas, manejo y comercialización de
granos, venta al menudeo. Los especialistas señalan
que cuando cuatro corporaciones controlan más de 40
por ciento del mercado en una de las fases, dicho
mercado ya no es competitivo. Y en todas las fases la
concentración excede dicho porcentaje. Las
corporaciones dominantes: en semillas: Monsanto,
Bayer, Syngenta y Dupont. En fertilizantes, la noruega
Yara y Cargill. En alimentos procesados: Nestlé,
Unilever, Kraft; en granos, Archer Daniels-Midland,
Bunge, Cargill; en distribución al menudeo, Wal-Mart,
Metro y Carrefour.
Pero lo más nuevo es la concentración vertical, la
formación de clusters a lo largo de todas o varias
fases del proceso agroalimentario. Así, Cargill, el
gigante de los granos, fertilizantes y alimentos de
ganado, se une con Monsanto, el amo de los
trasgénicos, y con Krohger para la distribución al
menudeo. ConAgra, gran procesador de comida, hace
empresas conjuntas con Dupont. Y otro de los amos de
los granos básicos, Archer Daniels, se alía con la
gran controladora de innovaciones fitogenéticas,
Novartis. El procesador número uno de oleaginosas en
el mundo, Bunge, emprende aventuras comunes con la
japonesa Zen-Noh, filial de Mitsubishi.
La dinámica de concentración del poder agroalimentario
plantea grandes problemas a los productores campesinos
o familiares, tanto de los países del norte como del
sur. Sobre todo los primeros muchas veces no tienen
otra alternativa que comprar sus semillas e insumos a
las corporaciones y comercializar a través de ellas.
Por otro lado, las cooperativas de agricultores y
ganaderos tienen enormes dificultades para enfrentar a
las corporaciones gigantes. En Estados Unidos se
desintegra la cooperativa Farmland's y la de
productores de leche, DFA, está en aprietos, al punto
que se plantea la pregunta: ¿qué tan efectivo es
organizarse en cooperativas ante la fuerza de las
corporaciones?
Lo que más preocupa es que ya no son los propios
productores campesinos, ni siquiera los gobiernos,
quienes están tomando las decisiones fundamentales de
qué sembrar, cómo sembrarlo, cómo y a quién venderlo.
Son las corporaciones que dominan el sistema agroalimentario global. Y, lo que
es peor, ya ni siquiera la decisión de cómo conservar su tierra, su
agua y sus recursos naturales se está dejando a los
campesinos. Se está imponiendo por las potencias del
agronegocio. Ante ellas no hay negociación posible,
sólo desatar la creatividad para idear nuevas y
múltiples formas de defensa y de resistencia.
Greenpeace acaba de dar un buen ejemplo de las
primeras al lograr que se haga público el estudio que
demuestra que el maíz transgénico MON683, de Monsanto,
causa severos daños a la salud de las ratas. Hay que
multiplicar acciones como éstas.
http://www.mesaglobal.net
VENTANA SOBRE LOS CICLOS
La gente, hecha de maiz, hace el maiz. La gente, creada de la carne y los colores
del maiz, cava una cuna para el maiz y lo cubre de buena tierra y lo limpia de
malas hierbas y lo riega y le habla palabras que lo quieren. Y cuando el
maiz esta crecido, la gente de maiz lo muele sobre la piedra y lo alza y lo aplaude
y lo acuesta al amor del fuego y se lo come, para que en la gente de maiz siga
el maiz caminando sin morir sobre la tierra. Eduardo Galeano
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