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LAS ONG RECLAMAN A LA FAO Lorna Haynes El 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación y cada año la FAO, siglas en inglés que significan “Organización para la Alimentación y la Agricultura” (una organización de la ONU) lo celebra con un tema específico. Este año, el tema es: Biodiversidad para la Seguridad Alimentaria . Bajo la bandera “ En defensa de la biodiversidad y de la Soberanía Alimentaria: por una agricultura sin Organismos Manipulados Genéticamente ” (también llamados transgénicos) las organizaciones no-gubernamentales (ONG) alrededor del mundo están utilizando este día para llamar la atención del público a la amenaza que constituye la manipulación genética de cultivos para la biodiversidad y la soberanía alimentaria. Los transgénicos constituyen la más grave amenaza a la biodiversidad que, como el tema del Día Mundial de la Alimentación refleja, es esencial para la seguridad alimentaria. Asombra entonces, que en mayo de este año, la FAO haya publicado un informe [1] titulado: “Biotecnología:¿satisfacerá las necesidades de los pobres?” en el que se promueve la utilización de cultivos transgénicos como parte de la solución al problema del hambre. Centenares de ONG de todo el mundo suscribieron una carta [2] al Dr. Diouf, Director General de la FAO, expresando su indignación y su rechazo a estos planteamientos. Reclaman que dicho informe ignora las evidencias de los efectos adversos sobre la salud, el ambiente y la agricultura y el hecho de que la agricultura transgénica consolida y amplía el control corporativo sobre la agricultura y la alimentación. En la carta, las ONG señalan la obligación que tiene la FAO de combatir la erosión genética pero el uso de transgénicos la agrava aún más. En particular, la contaminación genética de cultivos tradicionales y convencionales, que los convierte en transgénicos, es irreversible e imposible de controlar e implica que se perderá para siempre esos cultivos no-transgénicos y la opción y el derecho a una alimentación y agricultura no-transgénica. La contaminación genética del maíz con transgenes que producen tóxinas en el maíz, que está ocurriendo en Méjico, centro de origen y biodiversidad del maíz, es un desastre para la seguridad alimentaria del mundo pero el informe no destacó la importancia de esta tragedia. Recuerdan al Dr. Diouf que le incumbe a la FAO criticar y promover alternativas al dominio global por cinco compañías transnacionales del sistema agroalimentario.[3] Es insólito que en el mencionado informe, se apoye el uso de la tecnología TERMINATOR para limitar la contaminación genética. Muchas instituciones científicas, gobiernos y organizaciones en todo el mundo han condenado el uso de esta tecnología. Se llama TERMINATOR porque produce semillas estériles de manera que, si se usara, los agricultores no podrían guardar semillas de la cosecha para la próxima siembra y tendrían que depender de la compra de esas semillas corporativas. Significaría renunciar a la soberanía alimentaria y entregar el futuro de nuestra agricultura y alimentación a unas pocas transnacionales. Afirman las ONG que el informe desvía la atención del desarrollo de soluciones ecológicas realmente sostenibles y participativas hacía la biotecnología cuyos riesgos y orientación reduccionista agrava los problemas. Los sesgos, las omisiones y conclusiones no-sustanciadas del informe lo convierte en una vergonzosa herramienta de relaciones públicas para la industria de la biotecnología. La respuesta [4] del Dr. Diouf a los reclamos de las ONG evadió casi todos estos puntos y es auto contradictoria. Por un lado Dr. Diouf reconoce que resolver el problema del hambre requiere de voluntad política pero, por otro, dice que los transgénicos no son necesarios para reducir el hambre, lo que implica que él sí cree que podrían formar parte de la solución. Sobre los riesgos para la salud y el ambiente, la contaminación genética de cultivos, no hace comentario alguno. Por un lado enfatiza que los países deben desarrollar capacidad científica para tomar decisiones independientes sobre el uso de transgénicos, pero dice que esto es “para llegar a un consenso internacional.” El mito de que los cultivos transgénicos contribuyen a resolver el problema del hambre fue inventado por las compañías transnacionales para justificar el negocio de los cultivos transgénicos, pero hace muchos años se ha reconocido que es una falacia. Por ejemplo, en el año 2000, un alto ejecutivo de NOVARTIS dijo[5] lo que los críticos de los transgénicos vienen diciendo hace años: “Si alguien le dice que la manipulación genética va a alimentar al mundo, dígales que no lo hará. – Para alimentar al mundo, se requiere de voluntad política y financiera.” El hambre ha ido aumentando a pesar de aumentos en la productividad agrícola con la Revolución Verde y se produce más alimentos en el mundo que las requeridas para satisfacer las necesidades de la población mundial, lo que demuestra que el problema del hambre es un problema socio-económico y político y de acceso y distribución de alimentos. Por si queda alguna duda acerca de la razón de ser de los transgénicos y los obejtivos de las transnacionales, cito al Dr. Quentin Kubichek de la empresa Dupont, quien, en el Encuentro Nacional 2003 de la Red de Biotecnología Agroalimentaria, REDBIO-FAO (3-5 Dic. 2003, IDEA, Caracas,Venezuela) señaló que las características complejas de cultivos, como la resistencia a la sequía y la productividad, no se pueden alterar con la manipulación genética porque son propiedades complejas: no existe un sólo gen que le dé una de estas características a un cultivo. Por tanto, afirmó, no son objeto de desarrollo por parte de las empresas transnacionales, ya que la política de las empresas es concentrarse en rasgos monogénicos para cultivos económicamente factibles. [1] http://www.fao.org/docrep/006/Y5160E/Y5160E00.htm [2] http://www.grain.org/nfg/?id=180 [3] Una sola, Monsanto, es dueño de la tecnologia patentada utilizada en más del 90% del área sembrada con transgénicos [4] http://www.fao.org/newsroom/en/news/2004/46429/index.html [5] The Guardian” R.U. 24th August 2000 |
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CIMMYT
y FAO: promoviendo los transgénicos La promoción de los transgénicos Como una bofetada para los millones de campesinos del mundo, el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT) acaba de anunciar públicamente que no sólo seguirá con el desarrollo de trigo transgénico, sino también con el de maíz, a espaldas de las fuertes críticas emitidas en todo el mundo contra este tipo de cultivos, incluyendo las actitudes de este centro internacional en el tema de la contaminación del maíz campesino en México. Parece una provocación deliberada, ''a tiempo'' para la próxima reunión que se celebrará en México del Grupo Consultivo Internacional de Investigación Agrícola (CGIAR, por sus siglas en inglés), entre el 25 y 29 de octubre, y deja en claro lo poco que le importa la opinión de miles de organizaciones campesinas y de la sociedad civil que los cuestiona. Se suma así al coro de instituciones internacionales, como la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que le hace el trabajo sucio de lavar la cara a las cinco multinacionales que dominan el negocio de los transgénicos en el mundo. No es demasiado sorprendente, si se tienen en cuenta los orígenes del CIMMYT y la estrecha relación que históricamente ha mantenido tanto con agencias del gobierno de Estados Unidos, como con la industria agrobiotecnológica. Por ejemplo, en su propio consejo de directores hay un representante de la Fundación Novartis, institución ''de investigación'' de una de esas cinco multinacionales. El anuncio viene envuelto en una serie de datos falsos o parciales y justificaciones como las ya gastadas de ''alimentar a los pobres'' y de que ''no existen tecnologías sin riesgo'', formuladas ahora en el documento "Principios directrices para el desarrollo y distribución de variedades maíz y trigo genéticamente modificados". Si alguien tuviera dudas, el documento aclara que el CIMMYT ''tiene el compromiso de complementar la investigación del sector privado para que esas tecnologías puedan llegar a los campesinos pobres y los consumidores desnutridos''. Que estos mismos rechazan enérgicamente el maíz y el trigo transgénicos, o las muchas alternativas que proponen sin tecnologías riesgosas ni patentadas por las multinacionales de ese ''sector privado'', no lo toma en cuenta. El CIMMYT integra la red CGIAR junto a otros 17 centros de investigación agrícola pública internacional. Basan sus investigaciones en las más de 600 mil muestras de variedades de cultivos básicos que han recolectado de campesinos en todo el mundo y que tienen en sus bancos de genes. Se deben, por tanto, de hecho y de derecho, a los campesinos que produjeron esa enorme riqueza para la alimentación de toda la humanidad. Por el contrario, el CGIAR ha sido históricamente el promotor por excelencia de la llamada ''revolución verde'', que incentivó el uso de paquetes de alta tecnología para el campo (semillas híbridas que no pueden reproducirse por los propios campesinos; mecanización de las tareas agrícolas con gran demanda de capital; fuerte impacto en los suelos y reducción de mano de obra; uso intensivo de agrotóxicos que han dejado un saldo terrible de contaminación de suelos, cuencas y personas). El argumento de la revolución verde fue, igual que ahora con la biotecnología, ''terminar con el hambre en el mundo'', cosa que no lograron. Al contrario, el número de personas con hambre y campesinos desplazados aumentó en las mismas décadas. Actualmente existe suficiente volumen de producción agrícola para alimentar -incluso para hacer obesa- a toda la población mundial, pero mil millones de personas sufren hambre. Es claro que no se trata de un problema tecnológico, sino de acceso y distribución de los recursos y los medios para producir. Los paquetes tecnológicos han empeorado esa situación. Esto ha sido una crítica permanente de la sociedad civil al sistema CGIAR, incluido el CIMMYT. La promoción y justificación de los transgénicos parte de ese mismo enfoque tecnológico estrecho que sólo favorece a la agricultura industrial y a las grandes empresa que lucran con ella. En el caso del CIMMYT es aún más grave porque tiene su sede en México, centro de origen del maíz, pero se ha dedicado a ignorar las demandas de los campesinos mexicanos que consideran los transgénicos y la contaminación transgénica como uno de los ataques más graves a las culturas, las economías y la vida campesinas. Todo esto será un tema obvio en el Foro Campesino por las Semillas y la Vida y otras actividades donde organizaciones campesinas, indígenas y de la sociedad civil se expresarán paralelamente a la próxima reunión del CGIAR. También en ocasión del Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre), la red internacional Vía Campesina, junto con otras organizaciones, llama a un día de protesta en todo el mundo contra los transgénicos y por la soberanía alimentaria, particularmente en respuesta al informe de la FAO que hace propaganda a favor de los transgénicos. Con este anuncio, el CIMMYT se ha ganado su puesto entre las instituciones que serán denunciadas en esas jornadas. * Investigadora del Grupo ETC |
28 May
2004 Estimado Sr. Diouf, Nosotros, las organizaciones, movimientos y personas abajo firmantes, involucrados en temas relacionados a la agricultura, deseamos expresar nuestra indignación y desacuerdo con el informe de la FAO publicado el lunes 17 de mayo ("Agricultural biotechnology: meeting the needs of the poor?"). Este informe se ha utilizado, en un ejercicio de relaciones públicas motivado políticamente, como apoyo a la industria biotecnológica. Promueve la ingeniería genética de cultivos y una mayor desviación del financiamiento para investigación hacia este tipo de tecnología, en desmedro de los métodos ecológicamente sanos desarrollados por los agricultores. Desgraciadamente, la forma cómo se preparó el informe y se dio a conocer a los medios, levanta serios cuestionamientos acerca de la independencia y la integridad intelectual de una importante agencia de Naciones Unidas. El informe aleja a la FAO de la búsqueda de la soberanía alimentaria y de las necesidades reales de los agricultores y campesinos del mundo, y es una puñalada por la espalda a los agricultores, campesinos y a los pobres de zonas rurales, a quiénes la FAO tiene el mandato de apoyar. Estamos profundamente decepcionados porque la FAO (y usted personalmente) rompió su compromiso de consultar y mantener un diálogo abierto con las organizaciones de agricultores de pequeña escala y con la sociedad civil. Al no consultar a estas organizaciones para la preparación del informe citado, la FAO dio la espalda a aquellos que son los más directamente afectados por las tecnologías que el documento promueve. En lugar de recomendar el fortalecimiento del papel de los agricultores de pequeña escala en el manejo de su biodiversidad agrícola y en el mejoramiento de los cultivos vitales para su sobrevivencia, -que incluso algunos de los que hacen trabajo de campo en la FAO promueven activa y exitosamente-, este reporte propone un "arreglo tecnológico" de cultivos cruciales para la seguridad alimentaria de los pueblos marginalizados -promoviendo el desarrollo transgénico de la yuca, la papa, el garbanzo, el mijo y el teff. El hambre en el mundo está aumentando nuevamente a pesar del hecho de que la producción global de alimentos per cápita es más alta que nunca. Los temas de acceso y distribución son mucho más importantes que la tecnología. Si algo hemos aprendido de los fracasos de la Revolución Verde, es que los avances tecnológicos en genética de cultivos para que las semillas respondan a los insumos externos, van de la mano con el incremento de la polarización socioeconómica, el empobrecimiento rural y urbano y una mayor inseguridad alimentaria. La tragedia de la Revolución Verde reside precisamente en esa estrecha visión tecnológica, que ignora los factores sociales y estructurales, mucho más decisivos e importantes para aliviar el hambre. La tecnología , al contrario, fortaleció las propias estructuras que provocan las hambrunas. ¿La FAO no ha aprendido nada? La historia demuestra que los cambios estructurales en el acceso a la tierra, a la producción de alimentos y al poder político-combinados con sólidas tecnologías ecológicas, sustentadas en la investigación basada en el conocimiento campesino- reducen el hambre y la pobreza. La 'revolución genética' promete llevarnos en la dirección opuesta. Está basada en investigación elitista, estratosféricamente costosa, dominada por la industria, y en el uso de tecnologías patentadas. Los mismos recursos, si fueran canalizados a las redes de investigación participativa campesinas, generarían tecnologías mucho más equitativas, productivas y ecológicas. Si bien el documento de más de 200 páginas lucha por aparecer neutral, es sumamente tendencioso e ignora la evidencia disponible sobre los impactos adversos en el ambiente, la economía y la salud que tienen los cultivos manipulados genéticamente. Por ejemplo, el informe afirma ciegamente que los cultivos transgénicos han resultado en enormes beneficios económicos para los agricultores y que han servido para reducir el uso de plaguicidas. Esta aseveración se basa, en forma prejuiciosamente selectiva, en datos de campo de una serie de estudios sobre el algodón Bt. Ignora completamente las investigaciones que contradicen esto. La información utilizada proviene de la India y está basada exclusivamente en los ensayos de campo de Monsanto en el 2001. El informe ignora la información recolectada directamente de las parcelas de los agricultores por varios gobiernos y otros investigadores independientes durante el ciclo agrícola 2002 (año en que se liberó el algodón Bt). Esa información muestra que el algodón Bt fue un fracaso. En cambio, los breves estudios, no concluyentes, sobre el algodón Bt en México, Argentina y Sudáfrica se usan abiertamente para brindar apoyo a las variedades de algodón transgénico. Una referencia a otro estudio sugiere beneficios para los agricultores del algodón en Burkina Faso y Mali, y concluye, sin tener bases, que el África occidental -ya bajo injustificables presiones comerciales- perderá millones de dólares si no acepta el algodón Bt. Aunque el reporte de la FAO menciona que la ingeniería genética está dominada por las corporaciones, pasa por alto el hecho de que sólo una compañía -Monsanto- domina con su tecnología el 90% del área mundial cultivada con transgénicos. Cinco compañías fabrican prácticamente el 100% de las semillas transgénicas que hay en el mercado. Esto representa una dependencia sin precedentesde los agricultores con las compañías de agronegocios, que la FAO debería ver con alarma, y ante lo cual debería proponer alternativas. Proponer que se dedique más financiamiento público a la tecnología de transgénicos no es ninguna solución. Mayor inversión en esta tecnología -como recomienda la FAO- incrementará inevitablemente el control monopólico sobre las reservas alimentarias del planeta. Los países empobrecidos serán forzados a aceptar leyes de patentes, contratos y regímenes comerciales que debilitan su capacidad nacional para luchar contra el hambre. Cuatro días después de que se publicó su informe, la Suprema Corte de Canadá se puso de manera vergonzosa del lado de Monsanto contra los agricultores canadienses Percy y Louise Schmeiser, porque la semilla patentada de la corporación contaminó su parcela. En varios países ya hay casos de agricultores amenazados o demandados porque el polen transgénico ¡voló hacia sus parcelas y contaminó sus cultivos! Mientras más campesinos se vuelvan dependientes de la industria biotecnológica, menos opciones tendrán para apoyar y desarrollar sus propios sistemas agrícolas y sus formas de vida. Es inaceptable que la FAO respalde la necesidad de propiedad intelectual de las corporaciones. Esto implica el apoyo de la FAO a la biopiratería corporativa, puesto que los recursos genéticos que las corporaciones buscan patentar provienen del trabajo de mejoramiento que han hecho los agricultores durante miles de años. La contaminación genética está dañando el corazón mismo de los centros mundiales de diversidad de los cultivos. La FAO deja este hecho de lado sin prácticamente mencionarlo. Para los pueblos que crearon la agricultura esto constituye una agresión contra su vida, contra los cultivos que crearon y nutrieron y contra su soberanía alimentaria. Durante varias décadas la FAO ha conducido un debate internacional en torno a la erosión genética. Con el advenimiento de la ingeniería genética, la amenaza de erosión se ha incrementado. Como institución normativa intergubernamental para los recursos genéticos, la FAO debería estar desarrollando políticas para prevenir la erosión genética y tomar acciones frente a sus implicaciones negativas a nivel global. Estamos estupefactos de que para prevenir la contaminación genética, (al tiempo que proteger al monopolio corporativo), el informe apoya la opción absurda de usar Terminator, una tecnología que impediría que los agricultores guardaran y reutilizaran la semilla cosechada. Las organizaciones campesinas, de la sociedad civil, muchos gobiernos e instituciones científicas han proscrito esta tecnología. Como Director General de la FAO, usted estableció en el año 2000 que la FAO estaba en contra de la esterilización genética de semillas. Increíblemente, su informe respalda una tecnología que pondría en riesgo la alimentación de 1,400 millones de personas en todo el mundo que dependen de la semilla conservada de su cosecha. Estas parcialidades, omisiones y conclusiones sin sustento convierten a este informe en una vergonzosa herramienta de relaciones públicas para la industria biotecnológica y para los países que buscan exportar esta tecnología. Es un insulto a los gobiernos miembros de la FAO que valientemente han resistido la presión política de la industria y a quienes han desarrollado alternativas viables para la seguridad en semillas y la soberanía alimentaria sostenida a largo plazo. Es un rechazo a los esfuerzos de los científicos y formuladores de políticas -algunos dentro de la FAO- que han contribuido a un nuevo desarrollo tecnológico participativo, con metodologías agroecológicas, productividad sustentable y otros enfoques que ponen en primer plano el rol y los derechos de los agricultores. Consideramos que la FAO ha roto el compromiso que tenía con la sociedad civil y las organizaciones campesinas de realizar consultas en los temas que preocupan a todos. No hubo consulta con los agricultores de pequeña escala ni con las organizaciones campesinas y sin embargo, el informe parece haber sido ampliamente discutido con la industria. Para aquellos de nosotros en las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales que consideramos a la FAO una institución con la que se podía tener relación, y como un foro para debatir esos temas y avanzar en ellos, esto es un revés tremendo. Las organizaciones de agricultores, campesinos y de la sociedad civil nos reuniremos y consultaremos en los próximos meses qué acciones tomaremos con respecto a la FAO y a las repercusiones negativas de este informe. Atentamente, Elizabeth Bravo Algunas organizaciones que trabajan por la defensa de los derechos de los agricultores, la soberanía alimentaria y en contra de los OGM enviaron una carta abierta a acques Diouf, Director General de la FAO. La Red por una América Latina Libre de Transgénicos endosó también esta carta Si usted quiere apoyar esta iniciativa, puede comunicarse con: openletterfao@grain.org |