De las zozobras de Cancún a las zambullidas
de Hong Kong
Irene León*
Todo el mundo augura nulos resultados de la VI Reunión Ministerial de
la Organización Mundial de Comercio -OMC-, inaugurada el 13 de diciembre
en Hong Kong, al punto que hasta su propio Director General, Pascal Lamy, reiteró una
vez más el pedido de reducir las expectativas y propiciar la unidad
19 de diciembre de 2005
A la vez que se multiplican las tentativas de posponer, otra vez, los temas
polémicos o cambiarlos sin que se note mucho o mal, y luego procurar
una salida elegante, negociada en las exclusivas reuniones del llamado “cuarto
verde” al que acceden sólo los ministros presentes. Pero los problemas
no van a desaparecer porque se los evadan.
La agricultura sigue siendo presentada como la manzana de la discordia y
en realidad lo es, pero más allá de esto, los debates que el asunto
ha generado revela que el principal problema de la OMC es el de pretender que
el comercio es “el” paradigma y que se basta a sí mismo, que es independiente
de las demás relaciones humanas y que constituye per-se un prototípico
generador de bienestar. Ello a pesar de que el propio Lamy dice que la razón
de ser de la OMC no es la de distribuir bienestar sino la de generar riqueza.
Desde sus inicios en 1995, el organismo se ha expresado como un instrumento
del Grupo de los 8 países más industrializados –G8- para promover
sus intereses, subsumiendo al Sur como área de influencia de sus miembros.
De allí que el surgimiento del Grupo de los 20 –G20-, liderado por Brasil,
con importante peso en esta reunión, no sólo ha tenido la virtud
de revelar que el Sur existe y puede expresar sus propios intereses, sino que
las enormes disparidades entre regiones y países no pueden ser soslayadas
con el pretexto de que todo se resolverá a través de la uniformidad
de las reglas comerciales.
Con un historial de grandes reuniones fracasadas (Seattle en 1999, Cancún
en el 2003, y otras) la preocupación ahora radica en no acumular un
nuevo fiasco, pues a estas alturas las controversias de todo tipo y de todos
lados, incluyen puntos de vista que expresan desde adentro de que no es sólo
el modelo OMC que está en cuestión sino las mismas bases del
Consenso de Washington.
Ante tal estado de cosas, ya no son pocos quienes hablan de la necesidad
de una reingeniería de la OMC, para reorientarla hacia la formulación
de políticas para facilitar, guiar y coordinar los procesos bi y multilaterales,
basándose en que la prevención de la formación de bloques
comerciales de proteccionismo figuraba entre sus propósitos originales.
No falta quienes piensan asimismo que los acuerdos de libre comercio y el proceso
de la OMC deberían seguir caminos diferentes.
La ronda de negociaciones que supuestamente debía culminar en la presente
reunión despuntó en Doha, Qatar, en el 2001, sus lineamientos
eran los de asegurar e incrementar el desarrollo mundial a través del
pilar del libre comercio.
Pero como la definición del mencionado pilar es, por poco decir, incierto,
los problemas no cesan de aparecer: al asunto de los subsidios a la agricultura
por parte de los dos grandes, le siguió el de los bienes industriales,
el de las patentes, entre otros, y más aún el antes dicho tema
de las disparidades geo-económicas, frente a los cuales cuestiones como
las del algodón, el banano o el azúcar, que figuran en la agenda
de la actual reunión, aparecen como cuestiones sectoriales.
El arrepentimiento de haber desoído los requerimientos de los países
del Sur llega tarde, y las ofertas de ventajas marginales para los países
más pobres ya no son tan trascendentes en la agenda, pues las diferencias
entre los Estados Unidos y la Unión Europea en temas como el de la agricultura
denotan que no se trata solo de Norte y Sur, sino de un modelo basado en competencias
e imposiciones, de las cuales tristemente pende la suerte del mundo.
No a la OMC en la tierra, No a la OMC en el
agua
A la llegada de la marcha militante contra la OMC a los alrededores
de la sede de la Reunión Ministerial, para coincidir con su inauguración,
unos doscientos campesinos/as de Corea, miembros de la Vía Campesina,
se lanzaron al mar y nadaron el trecho de agua que separa el centro de convenciones
-musculosamente militarizado- del lugar accesible más cercano, y desde
allí gritaron No a la OMC, Sí a los derechos del campesinado!,
mientras desde la tierra, miles de manifestantes les hacían eco.
Un heterogéneo concierto de organizaciones del mundo desarrolla desde
el 12 de diciembre en Hong Kong una importante agenda de movilizaciones, debates
y actividades culturales de resistencia. El epicentro de las actividades es
sin duda el movimiento campesino, que mantiene su propósito de que se
detengan las negociaciones y la agricultura se mantenga fuera de la OMC, a
lo cual se han sumado distintos sectores, tal el de la pesca, que también
está desarrollando movilizaciones simbólicas en el caso presente
también en el mar; igual idea está siendo asumida por movimientos
culturales y otros. A ese ritmo, como afirma el líder campesino hondureño
Rafael Alegría, uno a uno todos los temas deberán quedar fuera de
l a OMC.
ALAI
Irene León
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